El verdadero problema no es el déficit fiscal: es la ideología que lo produjo
Como abogado, he analizado con detalle el panorama de nuestro país. Podemos debatir cifras, recortes o reformas, pero quedarnos solo en la discusión económica sería un error táctico.
El déficit que hoy enfrentamos no es solo un problema contable: es la herencia de una visión que creyó que el Estado podía sostenerlo todo a costa de asfixiar al sector privado. A mi juicio, esa lógica no genera riqueza; redistribuye la escasez y, cuando el dinero se acaba, termina debilitando las instituciones. Es un modelo que vio al que trabaja, invierte y emprende como un adversario, y no como el motor de la sociedad.
Las investigaciones en curso sobre el manejo de recursos públicos, como las relacionadas con la UNGRD, muestran los riesgos de esa forma de gobernar. No se trata de hacer política desde el escándalo, sino de elevar el debate hacia una alternativa de orden, libertad y Estado de derecho.
El cambio de gobierno abre una oportunidad, pero no la garantiza. Las estructuras ideológicas no desaparecen con una elección: permanecen en normas, prácticas y entidades. Desde nuestra trinchera debemos blindar jurídicamente la contratación estatal, garantizar la seguridad jurídica que exige la inversión y restaurar la meritocracia en el servicio público. Sin bases legales sólidas, cualquier ajuste fiscal será un parche en un edificio que se cae a pedazos.
Les pregunto: si el sector privado y el mérito son el motor real del país, ¿qué acciones concretas deberíamos impulsar desde nuestros territorios para proteger a los emprendedores y trabajadores que hoy se sienten asfixiados por la carga estatal?

Comentarios 0